
La noche invitaba,
la música, el vino,
ella estaba sola
y él desde otra mesa, la miraba.
Como dos imanes, sus ojos se llamaron,
pareció como si un resorte moviera sus cuerpos,
los dos al mismo tiempo, se levantaron,
el vino a su lado,
empezaba el baile,
eran dos desconocidos que al rozarse,
sintieron que se poseían.
La orquesta tocaba una música suave,
De esas que dan ganas
de apretarse al pecho y quedarse pegada,
Acalló la música y ellos continuaban abrazados,
nadie dijo nada, solo se miraron,
sus manos se unieron
y así muy unidos, salieron del baile.
Como era su voz?
Cual era su nombre?
Ni ella, ni él, lo supieron nunca,
al salir del baile,
ambos se miraron,
no dijeron nada,
cualquiera diría que aquellos labios
no sabían hablar, solo sabían besar.
Estaban muy cerca,
y sin mediar palabras, como si hubiera un pacto,
quedaron desnudos
y la noche oscura fue testigo muda
para que un momento de pasión y locura
quedara grabado…
lejos se escuchaba la orquesta del baile
que marcó el encuentro,
nadie dijo nada, cada uno tomó su camino,
ni siquiera volvieron la cara,
cada cual su vida, historia olvidada.