
Hay un ladrón,
un ratero de sueños,
cleptómano de almas,
que sorbo a sorbo
se bebe mi existencia.
Es un viento silente,
apenas un efluvio
y sin embargo,
deja efectos de huracán.
Un vendaval
que me oprime el corazón
y hace hervir mi sangre.
Un no se que,
que me deja sin palabras,
sumando primaveras
y restando inviernos,
sin mirar el espejo,
sin contar las palabras,
queriendo percibir,
más allá de lo que no se ve.