
Hay un hondo quejido de la noche,
que te llama, te busca
y no respondes.
Hay un dolor callado en las estrellas,
que apagaron su luz,
porque no estás.
El viento en un gemido,
pronuncia tu nombre
y su grito se pierde en un eco.
Esta noche la luna,
opacada entre nubes,
se ha negado a brillar,
porque no estás conmigo.
Y mi alma escondida bajo un manto de sombra,
suspendida en la niebla de una medianoche,
te seguirá esperando.