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La espera


Te espero,

aunque ya sea noche,

me sentaré en la puerta para verte llegar

y si no llegas hoy,

mañana mas temprano,

yo volveré a esperarte.

Y si pasara el tiempo y no volvieras,

pensaré que se te hizo tarde,

porque el camino agreste por el que transitabas,

laceraba tus pies de tal manera

que te sentaste al borde de la vía

y no te diste cuenta que el tiempo transcurría.

Yo mientras tanto,

te seguía esperando.

Pensé que llegarías con sed y fui a la fuente,

Para guardarte agua fresquita

y reflejada en su fondo,

una anciana de cabellos blancos

sonreía lastimera,

pensé que se había caído, sentí pena

y me lancé al fondo del estanque,

fue entonces que entendí,

que esa mujer envejecida y triste,

era yo, que esperando por ti,

consumí todas las primaveras.

Corrí hasta mi puerta y sentada en mi vieja silla,

volví a esperarte, sabía que volverías.

Pasaron mas inviernos y otoños,

primaveras y estíos,

y una tarde, por la calle de piedra,

vi acercarse a un anciano encorvado,

en las manos traía flores secas,

tenían polvo de todos los caminos,

éramos dos desconocidos,

y solo en sus ojos, reconocí una luz,

nos miramos y al mismo tiempo,

los dos extendimos los brazos,

sonreímos,

él se apretó en mi cuerpo,

sus huesos y los míos crepitaron,

las flores secas rodaron por el suelo,

nos abrazamos y caímos unidos,

no nos dijimos nada,

solo habló la última mirada,

un abrazo postrero,

fue el final de la espera.

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