
Ven a mi,
abraza este cuerpo que vibra por ti,
desciende las escalinatas de lo casi imposible,
acércate a mi vida que sin ti se diluye.
Ven,
eres señor y dueño de mi cuerpo
que te aguarda impaciente,
despójame de todo lo que no sea piel,
arranca todo lo que se interponga
para que el roce de tus manos
ejerza la potestad de su poderío,
sobre mi piel sedienta de caricias.
Te esperaré esta noche,
vuela hasta ventana que dejaré abierta,
para que entres por ella,
yo te estaré esperando para darte todo,
seré como una damisela trémula y palpitante,
te guardaré emociones tan profundas,
que no habrá primera vez que se asemeje
al éxtasis que te espera en mi lecho.
No te tardes amor,
no permitas que el sueño me domine,
que no amanezca sin que nuestra cama,
sienta de tu presencia los suspiros.
Esta noche treparemos la inmensidad
y abrazados, embriagados de quimera,
nos perderemos en la inmensidad,
para volver a amarnos otra vez mañana,
con la misma pasión.