
Un vendaval, un trueno,
así es la vida,
impetuosamente transitoria,
arrolladora, ávida, insaciable.
Arrasa en su carrera
y nosotros, navegantes efímeros
de un barco a la deriva,
precarios habitantes de un camino de piedras,
marionetas fugaces en el juego.
Vivamos pues,
Pasemos cada día como si fuese el último,
trepemos en el carro que la propia vida impulsa,
juguemos a la vida,
idéntica partida.
A vivir!
Estrujemos la traidora vida
que sin piedad, nos patalea,
matemos a la vida,
con el mismo puñal que ella nos hunde.